La corrupción, un mal que afecta al gobierno y al sistema

SANTO DOMINGO.-Noticias, comentarios, análisis, opiniones, sobre los distintos casos de corrupción en los que están involucrados varios funcionarios del gobierno, y el encarcelamiento de algunos de ellos y de otras organizaciones políticas, ha puesto en la agenda política del pueblo dominicano y de la Marcha Verde, el debate sobre la naturaleza de la corrupción y cómo combatirla.

Las respuestas cómodas venidas del gobierno, incluyendo el “fantasma” de la modalidad de entrevistas planificadas y pagadas, sirven de poco para ponerle freno a este fenómeno que se traga al gabinete y pone en la cuerda floja a todo el gobierno de Danilo Medina y limita cualquier intento o posibilidad de presentarse a una nueva repostulacion para el 2020. Afirmaciones como “siempre hubo corrupción”, en “todos los gobiernos se roba”, “salté el charco y no me ensucié”, forman parte de una nueva cultura política.

Ciertamente que la corrupción no es cosa de ahora, y es más vieja que “Matusalén”, pero los delitos, pequeños o grandes cometidos en nuestro país, contra la propiedad (pública o privada) son tratados y valorados de forma diferente según sea la posición social del delincuente y la ubicación en la sociedad determina que una persona pueda emprender un tipo de actividad criminal u otra.

No es lo mismo traficar con drogas, armas y trata de personas por la frontera, que robarse un “pica pollo”, tampoco lo es “sobrevaluar” en miles de millones una obra y además robárselos, que adueñarse de quinientos pesos. Ambos son delitos, pero con profundidad diferente y deben ser castigados. La corrupción tiene una dimensión ética y supone una violación de lo que la sociedad considera conducta honesta respecto a los bienes del Estado.

Tenemos al empresario que “legalmente”, pero no legitima, puede obtener ganancias millonarias y beneficios a través de las AFP y las ARS, que superan muchas veces los ingresos de la mayoría de los dominicanos. Y por otro, tenemos al funcionario, cuyo sueldo es excelente en comparación con los míseros ingresos de los profesionales de todas las áreas y muy por encima de los pensionados y amas de casa, pero que es muy inferior al del empresario. Y por cuanto en el país no se puede por “ley” renunciar a la regulación de la economía por parte del Estado, este funcionario toma decisiones de las que dependen los negocios del empresario. Estos dos personajes simplemente no pueden evitar incurrir en conductas corruptas. Se convierten en delincuentes de Estado. Ladrones de “cuello blanco”.

Por eso vemos que las leyes anti corrupción y los órganos de control  y de justicia, no sirven para nada contra los controladores.

Es decir, toda la campaña actual del gobierno y del Procurador y jueces de lucha contra la corrupción no deja de ser mera propaganda “política”.

Lo que le queda al pueblo dominicano, es profundizar la lucha de “Democracia de calle”, con acciones contundentes y firmes, contra la corrupción, ir más allá de la apariencia superficial y tímida, entender el fenómeno con el régimen político y el actual gobierno de Danilo Medina y el propio sistema económico y de partidos, es fundamental para su desaparición total o su reducción urgente mediante leyes drásticas contenidas en una nueva Constituyente Popular y Democrática.