Los demócratas listos para la “pelea” desde la Cámara Baja

WASHINGTON.(EFE).- Los demócratas de la Cámara de Representantes de Estados Unidos se preparan para ser el cuerpo opositor a las políticas del presidente Donald Trump, después de dos años de control absoluto de los republicanos en la Casa Blanca y las dos Cámaras del Congreso.

La líder demócrata, Nancy Pelosi, quien se convertirá a partir de enero en la presidenta de la Cámara Baja, aseguró estar dispuesta a trabajar conjuntamente con el mandatario, pero subrayó que la victoria de su bancada responde al deseo de los estadounidenses por “restaurar la salud de la democracia”.

“Creemos que tenemos la responsabilidad de buscar un terreno común donde podamos (trabajar)”, dijo Pelosi  en una rueda de prensa, en la que insistió en que “la apertura y la transparencia, la responsabilidad (y) el bipartidismo (son) una parte muy importante” del plan de ruta.

La líder, quien ya fue presidenta de la Cámara Baja entre 2006 y 2010, recordó haber trabajado conjuntamente con el expresidente republicano George W. Bush (2001-2009), y concluyó sus comentarios con una cita de Ronald Reagan en la que el ex gobernante republicano se mostraba a favor de la inmigración y la diversidad.

No obstante, Pelosi dejó claro que la protección del acceso a la salud, algo que los republicanos han diezmado en los últimos años, es una de las prioridades de los demócratas, y consideró que por esa razón fueron precisamente elegidos para retomar el control de la Cámara de Representantes.

“El acceso a la sanidad estaba en la papeleta de votación y el acceso a la sanidad ganó, el mayor vencedor ayer (martes) fue la sanidad para la gente de EE.UU., para nuestra gente mayor y las familias trabajadoras”, reiteró la congresista por California.

Más allá de eso, los demócratas también tendrán a su cargo el liderazgo de todos los comités que componen ese hemiciclo, de forma que pueden priorizar o bloquear iniciativas, así como abrir investigaciones o presentar proyectos de ley.

Con la pérdida de la Cámara Baja, Trump tendrá más complicado poner en marcha su agenda política en el Legislativo, donde ya encontró escollos entre los miembros de su propia bancada, y podría ser objeto de nuevas investigaciones sobre su proceder en los negocios o al frente de la Casa Blanca.

Precisamente en este sentido se pronunció este miércoles el mandatario, quien amenazó con negarse a cooperar con los demócratas en temas legislativos si inician investigaciones en su contra desde la Cámara Baja, y pronosticó que si eso ocurre, le otorgará puntos políticos de cara a las elecciones presidenciales de 2020.

“Si eso ocurre (y me investigan), vamos a hacer lo mismo (contra los demócratas desde el Senado), y el Gobierno se paralizará, y les echaré la culpa”, dijo Trump en una conferencia de prensa en la Casa Blanca.   “Y eso probablemente será mejor para mí políticamente. Creo que sería extremadamente bueno para mí políticamente, porque creo que soy mejor en ese juego que ellos”, agregó.

A falta de que se conozca con precisión la holgura con la que contarán los demócratas, el actual “número dos” de los republicanos en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, ya anunció su candidatura para ser el líder de la minoría a partir de enero, un nombramiento esperado tras la renuncia del todavía presidente Paul Ryan.

Pero aunque los demócratas se hicieron con esa ventaja, han cedido más asientos en el Senado, donde los republicanos aumentaron su mayoría, lo que endurecerá las negociaciones legislativas durante los próximos dos años.

En este sentido, el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell ya dijo este miércoles haberse puesto en contacto con Pelosi, con quien habló sobre “posibles soluciones bipartidistas” a algunos de los retos legislativos del próximo Congreso, que empezará su andadura el 3 de enero.

No obstante, McConnell confesó que su “principal prioridad” al frente del Senado es “continuar confirmando el mayor número de jueces posible”, algo que desde que llegara Trump ha ocurrido de forma inusitada al enviar a 2 magistrados conservadores al Tribunal Supremo y confirmar a otros 82 jueces para cortes federales.